Al recoger el artículo, el comprador notó que el peso y el sonido de la caja no eran los esperados. Al abrirla, descubrió un equipo equipado con una placa base TRX40 AORUS Pro WiFi, un procesador AMD Ryzen Threadripper 3960X de 24 núcleos, 256 GB de memoria RAM y una tarjeta gráfica NVIDIA GeForceRTX 3080 Ti. Todos los componentes estaban instalados y funcionales.

El valor real del equipo es miles de veces superior al precio pagado. Solo el procesador, en su lanzamiento, costaba cerca de 1.400 dólares, mientras que la tarjeta gráfica superaba los 1.100 dólares. A pesar de la depreciación del mercado de hardware, la suma del equipo sigue representando un valor elevado, sobre todo por la cantidad de memoria RAM incluida.
La subasta establecía claramente en sus condiciones que los productos se vendían en el estado en que se encontraban sin garantía ni devoluciones, y que las imágenes podían ser de archivo. Además, el comprador debía recoger el producto en persona, sin opción de envío.
El caso ha generado debate en redes sociales, especialmente sobre si el comprador tenía la obligación moral de informar a la empresa sobre el contenido real del lote. Legalmente, el comprador actuó dentro de lo permitido por las normas de la subasta, por lo que la operación es válida. Sin embargo, algunos usuarios plantean la cuestión ética de si debió devolver o reportar el hallazgo, aunque la empresa no ha hecho ninguna reclamación hasta el momento.






